sábado, 14 de noviembre de 2009



"E
n una calle sobre la que pendían jardines insertos en balcones, pequeñas Babilonias de la urbanidad, se cruzó un Hombre de Ciencia con un Hombre de Cartón. No se miraron, descontando la mutua existencia. El Hombre de Ciencia conversaba sólo oyendo con un Hombre de Leyes. Éste no interrumpió su discurso al divisar a un Niño de Basura, pero lo desvió para decir, con una concepción religiosa de la mentira, que entregaría sus pies y quizá hasta toda su carne por no tener que ver ya a nadie dormir sobre colchones de nylon. Sin percibirlo, las suelas canadienses del Hombre de Deportes que se les unió en la esquina pisaron el umbral que esa noche acogería a una Mujer de Intemperie. Tras la antesala del ascensor, un Hombre de Dinero esperaba con cuatro bebidas on the rocks (acertadamente también cubitos de hielo). Junto con la mano que los ofreció, lista para la gentil palmadita de rigor antes del humo y el sillón, el Hombre de Dinero buscó la aprobación y el perdón del Hombre de Leyes al decir que era un orgullo para el país contar con tan excelentes ejemplares de la ciencia y el deporte, henchido el pecho de palabras. Y así cada uno con su discurso, su exposición, (su humildad aprendida). Algún instante lúcido propuso un atisbo de sensata discusión, tal vez disparada e igualmente rehuida por ese Niño de Basura que, mientras esos hombres se restregaban los ojos oliendo sus camas king size, decidía cambiar su vida y esperaba al Hombre de Dinero en el zaguán, con metal en sus manos, para ganar esta guerra de estómagos, hasta quedarse sin la piel y sin hermanos, esperando sabiamente el día final, cara a cara frente a la nada, o frente al reino de los cielos."

Era el 2004, y yo sentía menos asco y menos pena por los que proponen la misma violencia que reciben. ¿Mano dura? Otra forma de inseguridad. Todos, igualmente miserables en el alma. Podríamos ser un poquito menos boludos y mirar más allá de nuestra nariz.

"Ojo por ojo, el mundo quedará ciego"
Mahatma Gandhi